La Nalga se me Entumió y Descubrí el Sentido de Vivir

Por ilse_marel | Esto que Llamamos Vida

La Nalga se me Entumió y Encontré el Sentido de Vivir

Cuando tenía 15 años pasaba las tardes tirada en el suelo mirando hacia el techo, preguntándome cuál era el sentido de vivir. Si moría, mi familia y amigos llorarían, pero el mundo seguiría más o menos igual.

Eso fue hace mucho.

Poco a poco, he ido resolviendo mis dilemas existenciales, pero el Domingo tuve una experiencia que me me sacudió.

Fui a cuidar perritos sin hogar. Cachorros. Que la gente había recogido de la calle y había llevado a un albergue para dar en adopción.

Uno de ellos se llamaba Princesa. Era negra, con una mancha blanca en la nariz. De raza mestiza. Con 2 meses de edad.

Estaba en una jaula de metal. Tenía agua y comida, pero no paraba de llorar. Cuando alguien se acercaba movía la cola. Si se alejaba, empezaba a chillar.

Me partió el corazón.

Tomé un collar morado con brillitos. Una correa del mismo color y la saqué a pasear.

Princesa tenía miedo. No quería caminar.

Estábamos en un centro comercial, donde se había organizado una feria de adopción. Para evitar jalarla y lastimar su pequeño cuello, me agaché y la empecé a acariciar.

Vamos Princesa.Todo está bien, yo te voy a cuidar.

Como si mis palabras pudieran deshacer la crueldad que había experimentado a su corta edad.

El cachorrito se escondía entre mis piernas.

Princesa decidió que mi pulsera, tejida con hilos de colores, sería su juguete y la empezó a morder. Después de unos minutos, se cansó. Trepó a mi regazo, se hizo bolita y se durmió.

Pasé media hora sentada en el piso, a mitad del centro comercial y sin moverme para no despertarla.

Su cuerpo estaba tibio. Su respiración tranquila.

De repente, dejé de sentir las nalgas ( #Ouch. Se me habían entumido 😧) y el mundo se detuvo por un segundo.

Con todo y el dolor de mi parte posterior, me sentí inundada por una indescriptible sensación de felicidad. Tuve una nueva realización.

Cuando voy por la calle y veo a un perro sarnoso, con el pellejo embarrado a las costillas, me siento fatal. Pienso que me gustaría crear una organización y poner un albergue para perros callejeros. Me agobio pensando en que será complicado y no hago nada al respecto.

A veces te enfrascas persiguiendo grandes metas. Una cita con el chico que te gusta. Conseguir el puesto de supervisora. Duplicar tu salario. Comprar un iPhone X. Ir a París. Emprender tu propio negocio y despedir a tu jefe.

Objetivos respetables.

Que persigues para dar sentido a tu existencia.

Pero también peligrosos.

Te esfuerzas tanto por alcanzarlos que en el proceso, pierdes de vista los pequeños momentos cuando la vida se llena de sentido.

Disfrutar el aroma del café matutino, mientras observas cómo las gotas de lluvia se deslizan por la ventana. Intercambiar sonrisas con un extraño en la conmuta al trabajo. Saludar a tu abuela con un beso y un abrazo, haciéndola sentir que a pesar de su edad y sus limitaciones, sigue siendo importante para ti. Enviar el texto de Buenos Días a la persona que te importa, sin esperar una respuesta, sólo porque en verdad deseas que le vaya bien. Dar propina, como un verdadero acto de agradecimiento y no por obligación. Compartir tus galletas favoritas, aunque eso signifique comer una, en vez de cinco. Ceder el asiento en el transporte público.

Princesa me ayudó a comprender que el sentido de la vida, no está en los grandes acontecimientos, más bien se crea una tarde de domingo a la vez.

Basta con apartar unos minutos y en vez de usarlos para ver una película, hacer ejercicio, trabajar en tu negocio, chismear con una amiga, o hacer cualquier otra cosa que te beneficie únicamente a ti, darte la oportunidad de compartir.

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